Nosotros como seres humanos desde que nacemos hacemos muchísimas preguntas, algunas con el objetivo de aprender, otras con el objetivo de demostrar la ignorancia ajena y el conocimiento propio, otras que son por cumplir con un estatus o característica del grupo que representamos y otras que sencillamente no esperan ser contestadas (retoricas).

 

Sin embargo es muy distinto a cuando Dios realiza preguntas, tales como. ¿Dónde estás tú? (Gen 3:9), ¿Que es lo que has hecho?  (Gen 3:13), ¿Dónde está tú hermano? (Gen 4:9), ¿Quien me ha tocado? (Lucas 8:45)  ¿Quien dicen ustedes que SOY? (lucas 9:20) tiene un propósito bien definido, santo y perfecto.

 

A continuación desarrollaremos de manera breve estas preguntas.

 

1.- ¿Donde estás tú? ¿Acaso nuestro amante Padre Celestial no sabe en verdad dónde estamos?

Oh! Claro que lo sabe, somos nosotros los que nos ocultamos de la vista de Dios y otras tantas veces lamentablemente somos nosotros los que no sabemos dónde estamos ni la condición en la cual nos encontramos, Él amorosamente nos invita a revisar dónde nos encontramos.

 

2.- ¿Que es lo que has hecho?

Nosotros necesitamos reconocer nuestro pecado y para que así podamos arrepentirnos. Esta Obra claramente es por medio del Espiritu Santo.

 

3.- ¿Dónde está tú hermano?

Dios no solo quiere que nosotros lo adoremos y alabemos sino también demanda que nuestra relación con nuestro prójimo sea conforme a su corazón. Tardo para la ira y grande en misericordia y verdad.

 

4.- ¿Quien me ha tocado?

Dios no rechaza a nadie que se acerca con humildad y corazón sincero, sin embargo Dios nos pide que confesemos públicamente que hemos tenido un encuentro con él y que él y solo él nos ha sanado y perdonado. “Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesara delante de los ángeles de Dios”. (Lucas 1:8)

 

5.- ¿Quien dicen ustedes que SOY?

Viendo todos los hechos maravillosos realizados por Jesús “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”. (Mateo 11:5), no podemos decir otra cosa, si no solamente la revelación que el Espíritu Santo nos da a nuestra mente.

 

“En verdad TU eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Lucas16:16)

“El es nuestro Dios le hemos esperado él nos salvara”


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