El libro- entrevista del periodista alemán Peter Seewald.Últimas declaraciones realizadas por El Papa, revolucionan el mundo eclesiástico. ¿Es realmente un avance, o una inconsecuencia?

El pasado sábado 20 de noviembre, el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, publicó parte de las declaraciones realizadas por el Papa Benedicto XVI en el Libro-entrevista “La luz del mundo. El Papa, la Iglesia y las señales del tiempo. Una conversación con el Santo Padre Benedicto XVI”, del periodista alemán Peter Seewald.
En la publicación, de 18 capítulos y 284 páginas, que fue lanzada el martes 23 de noviembre, el Papa afirma que el uso del preservativo está justificado en “algunos casos”, desmarcándose de la postura que por décadas ha tenido la iglesia católica, y sus antecesores sobre el uso del profiláctico.
El líder católico lo establece, como una de las excepciones para su uso, en el caso de hombres que acostumbran vincularse con prostitutas, como un método para impedir la propagación del virus del sida.
Las declaraciones de Benedicto XVI toman por sorpresa a toda la curia romana, pero, también a todo el mundo cristiano.
El 25 de julio de 1968, el Papa Pablo VI publicó la Encíclica Humanae Vitae, que deja clara la postura de la iglesia con respecto al aborto, control de la procreación y otros contenidos de la vida sexual de los hombres, entre ellos, la prohibición de todo tipo de control artificial de la natalidad.
Parte del escrito de Pablo VI establece:

El camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad.
Podría (…) temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y (…) llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera respetada y amada.

La postura de la iglesia católica se sustentó, hasta hoy, en que el uso del preservativo es una forma anti natura de anticoncepción, sin embargo hasta donde se sabe, los métodos anticonceptivos que se conocen, son todos artificiales.
Pese a lo anterior, las escrituras hacen mención a métodos anticonceptivos de carácter absolutamente natural. Si bien el pasaje está en el contexto de una desobediencia divina, el método no es el cuestionado:
Génesis 38: 8,9

8 Entonces Judá dijo a Onán: –Únete a la mujer de tu hermano; cumple así con ella tu deber de cuñado, y levanta descendencia a tu hermano.
9 Pero sabiendo Onán que el hijo que le naciera no sería considerado suyo, sucedía que cada vez que se unía a la mujer de su hermano, vertía en tierra para no dar descendencia a su hermano.

Es importante centrar el análisis de las recientes declaraciones de Benedicto XVI en función de la encíclica de Pablo VI de fines de la década del 60.
El Papa expresa en su entrevista que “concentrarse sólo” en el uso del preservativo, significa “trivializar” la sexualidad. Establece también que esa “trivialización” hace que muchas personas dejen de apreciar lo que realmente debe ser el acto, una expresión de amor, y dejarlo como “sólo una especie de droga, que se suministran a sí mismos”. Hasta ahí, todo bien con Pablo VI.
De esta forma, y dándole la razón, establece un principio básico que se instituye en la vida del hombre desde su creación (Génesis 2:24).
La iglesia no está equivocada en la premisa que establece la sexualidad como algo instituido por Dios para sus hijos y en parejas constituidas, sin embargo Benedicto XVI yerra en su justificación del uso del profiláctico en una prostituta, expresando que “ello puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad, consciente de que todo no está permitido y no se puede hacer lo que uno quiere”.
Lo verdaderamente moral, es entender que la prostitución es un acto claramente inmoral, del que no es responsable solamente quien la ejerce como oficio, sino también el que la pone en práctica. Y lo verdaderamente “responsable” como dice el Papa, es lo único comprensible, por llamarlo de algún modo, desde el punto de vista de la prevención.
Es en este juego en el que ha evitado entrar la iglesia y sus dirigentes, y en el que definitivamente es preciso ser claros y no ambiguos.
La declaraciones de Pablo VI suenan muy acertadas desde el punto de vista moral, para una época (1960), en que el “sexo libre” y las revoluciones morales se extendían por el mundo con lemas como “Paz y Amor”. Esas revoluciones dieron paso enseguida a otro tipo de relajos sociales.
Hoy, y nuestro país no es la excepción, se discute la entrega de los anticonceptivos de emergencia, más conocidos como Pastilla del día después, partiendo de la base de que son de carácter abortivo. Esta discusión fue instalada por la iglesia católica, en un estilo muy parecido al del uso del preservativo en su momento, y que es el tema en cuestión.
Al igual que como expresara Pablo VI en Humanae Vitae, el uso indiscriminado de la Pastilla del día después, como lo fue con los anticonceptivos tradicionales, podría convertirse en el “camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad”.
Esa es la verdadera razón de su cuestionamiento, no el si es abortiva o no, sin embargo, en un estilo poco transparente, la discusión es desviada de su real dimensión.
Los principios morales son uno, no deben ser relativizados. Los líderes de la iglesia católica han planteado que la sexualidad debe ser vista como un acto establecido por Dios, y no están equivocados, sin embargo no se debe descuidar todo lo que gira en torno a ello. La prostitución es una realidad, desde tiempos inmemoriales, la homosexualidad y otras conductas impropias, también enfermedades como el Sida en nuestros días. No porque este mal avance y toque a muchos, justificaremos el comportamientos de aquellos que con actitud disoluta intentan relajar aún más sus costumbres. Una cosa es la enfermedad, otra muy distinta es mezclar las cosas.
Es valorable lo expresado por Benedicto XVI, desde la premisa de entender que el uso del preservativo sin duda frena el avance de la enfermedad, pero no por eso pretender relativizar las cosas sólo por los efectos de una enfermedad.

Es importante recordar que desde el punto de vista moral, a diferencia de lo planteado por Nicolás Machiavello, el fin no justifica los medios.
Si en nuestras sociedades, bastante disipadas, el Sida está presente, entonces eduquemos partiendo de la premisa que es una sociedad disipada, pero no ocultemos la verdad, esencia de una vida plena.

Una Respuesta so far.

  1. Ilsen dice:

    Excelente!!! ….la abstinencia y la fidelidad a su esposo o esposa es una vida lejos del SIDA


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