“Una década después de 9/11, es bien claro para el mundo entero —los terroristas que nos atacaron esa mañana de septiembre no pueden hacer nada contra el carácter de nuestro pueblo, la robustez de nuestra nación o la resistencia de nuestros valores (…)

Quisieron privarnos de la unidad que nos define como pueblo. No obstante, no nos sucumbiremos a la división o sospecha. Somos estadounidenses, y somos más fuertes y más seguros cuando seguimos leales a los valores, libertades y diversidad que nos hacen incomparables entre naciones”.

Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos, en la conmemoración de los 10 años del 9/11.

 

Hace dos meses atrás, nos referimos al tema de la muerte, y el interés del hombre de proyectarse a “vencerla”.

Sin embargo una cosa está clara, la muerte es una realidad, y como muchos afirman, “es lo único que está asegurado para nosotros”.

Pero ¿Cuál es la perspectiva que tenemos con respecto a ella? ¿Qué nos sucede, cuando debemos enfrentarla o nos toca en forma tangencial?

Las Sagradas Escrituras hablan de la muerte en muchos pasajes, sin embargo en el libro de Mateo, capítulo 11 versos 1 al 44, se relata la experiencia de Jesús con unos de sus amigos más queridos, según indica el versículo 5.

“Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro”.

En la oportunidad, a pesar del enorme amor que sentía por Lázaro y su familia, y sabiendo de su grave enfermedad, no acude en su ayuda luego de ser alertado, proyectándose a un fin mayor.

Muchos podrían decir, en qué estaba pensando el Señor para no hacer nada frente a un desenlace, lo más probablemente fatal. De hecho, sus discípulos lo pensaron de esa forma.

Pero nuestro Señor, siempre tuvo claro el objetivo, así como también las verdaderas consecuencias que la muerte tiene para quienes “esperan en él”.

Hace unos días, fui testigo, y de alguna forma, protagonista, de un acontecimiento poco común para nuestra cultura. Una ceremonia de confraternización por la muerte de una persona.

Para nosotros podría resumirse en una palabra: FUNERAL. Sin embargo no era tan sencillo.

Los familiares del difunto, junto a todos aquellos que lo conocimos y compartimos con él, nos reunimos en torno a una mesa, a conversar, comer y expresar experiencias y recuerdos de quien ya no estaba entre nosotros.

El joven norteamericano fallecido en nuestro país, durante un viaje de intercambio estudiantil, fue retratado por todos, incluidos sus padres, de manera libre y espontánea.

Sin duda el dolor de la pérdida no estuvo al margen del evento, sin embargo la tristeza propia de situaciones similares en las que antes pude estar, dista mucho de aquel acontecimiento.

Informaciones posteriores me revelaron que este tipo de demostraciones es muy común en los Estados Unidos, si bien no todos ellos acostumbran hacerlo, es muy normal en esa nación, a diferencia de otras naciones, como la árabe, donde la actividad social también es parte del ritual, pero no descuidando que hay un duelo de por medio (está vetado todo tipo de alimento dulce en esas ceremonias).

Pero creo que no podemos quedarnos en una deducción tan sencilla.

La esencia del pueblo norteamericano es de origen protestante -casualmente como nosotros- y no debemos olvidar, que de una forma u otra, las tradiciones van heredándose.

Dos son las preguntas que se deben responder en este instante.

Primeramente ¿Es normal vivir el dolor de la pérdida de esta manera?

Segundo ¿Cómo deberíamos entenderla nosotros como cristianos?

En primer lugar, y como antes mencionamos, los primeros habitantes del pueblo norteamericano en América, trajeron consigo del viejo mundo, una herencia especial. La herencia del protestantismo. Muchos de ellos escaparon de persecuciones por causa de la fe y sus principios. Fueron estos principios los que hicieron de ellos, un pueblo que en su génesis siempre entendió el tema de  la muerte como aquel “sueño” del que Jesucristo habló en Mateo 11:11:

“Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle”.

Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.

Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;

 

Claramente muchos de esos principios se han perdido en su gente, pero persisten en ellos  tradiciones como la de saber llevar el duelo de esta forma poco común para nosotros, o su fortaleza que es un ejemplo para el mundo. Saber cómo debemos levantarnos a pesar de lo difícil de la circunstancia, algo en lo que nos parecemos mucho con ellos.

Es así como podemos llegar a entender las palabras del Presidente Obama, escritas al inicio.

Lo segundo, es lograr entender, que para nosotros como cristianos, y a pesar del enorme sufrimiento que puede generarnos la pérdida de un ser querido, sabemos que la recompensa para aquel que fue al descanso “esperando en Jesús” y en su promesa de vida eterna, es una sola.

Mateo 11: 25, 26

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente…”   

Categorías: Artículos, Destacado

6 Respuestas so far.

  1. sebalatorre dice:

    Un poco fuera de tema, pero a raíz de un comentario que leí, según lo que sé, nuestro nacimiento como país no es de origen protestante, mas bien católico romano.

    • Paula Aliste dice:

      Pero el artículo no se refiere al nacimiento de nuestros países latinoamericanos, sino del origen de los norteamericanos, que venían escapando de la persecución en Europa.

      • sebalatorre dice:

        “La esencia del pueblo norteamericano es de origen protestante -casualmente como nosotros- y no debemos olvidar, que de una forma u otra, las tradiciones van heredándose.”

        casualmente como nosotros puede ser perfectamente tomado como nosotros chilenos.

  2. Ilsen dice:

    Pienso que se refería a nosotros como pueblo asventista, no como país.
    Interesante, buen artículo.

  3. Anto dice:

    También creo que se refería a los Adventistas, no a Chile… y de no ser así, el origen de Chile si es Católico romano, por los españoles.

    La muerte de los seres queridos es una de las cosas mas fuertes que debe vivir el ser humano a lo largo de su vida, muchos no la logran superar jamás. La muerte de un otro es casi un “rito de pasaje” por cuanto su significancia para la vida normal del que sigue aquí, tiene enormes relevancias a nivel psíquico y el poder contar con Dios, tener fe en Jesús y lo que nos enseña acerca de ella, ayuda considerablemente a superar esta perdida, a saber llevarla de otra forma, a más que llorarla y sufrirla, recordar a esa persona en conjunto con otros que compartieron la vida con el.
    La experiencia que has vivido, me parece una forma maravillosa de enfrentar la muerte de un ser querido.

  4. sebalatorre dice:

    Concuerdo con la Anto, es lejos mucho mejor experiencia, mucho mas lindo :)


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